domingo, 22 de mayo de 2011

Democracia real, ¡ya!

  He estado toda la semana mordiéndome las uñas para no poner todo lo que siento y demás. Al final, he decidido seguir la línea del blog y centrarme en la parte positiva de todo el movimiento de democracia real

  ¡Democracia real ya! es un movimiento que surgió espontáneamente ante nuestra actual mierdocracia (que no democracia) y el corrupto sistema de partidos políticos que se enriquecen, junto con los banqueros, a nuestra costa. A pesar de varios medios (como el periódico "la sinrazón" y el programa "el pato al agua" en Intertruñonomía TV) que tachan de extrema izquierda y de anárquicos a los acampados, la realidad es bien distinta.

  1.   Se han organizado libremente y rechazan el alcohol y los porros. De hecho, una amiga nuestra -Mea-, se pasó por allí el sábado y quedó impresionada. Me contó que llegaban los chinos con cervezas y les decían "No, gracias. Alcohol, no". Nada de olor a porros ni nada por el estilo.
  2.  Nada más lejos de la realidad de que hubiera carteles insultando a políticos. Es un foro de debate y no caben los insultos ni las descalificaciones. Todo lo contrario: reina un ambiente de paz y solidaridad nunca visto antes.
  3. Se han llevado juegos de mesa y juegos de rol para pasar el tiempo allí (argh, qué envidia) y hasta guitarras y demás para hacer canciones y disfrutar en compañía.
  4. Incluso los bomberos se han unido a la protesta, porque saben que tienen razón.
  5. No sólo están allí acampados, sino que están bien organizados: han organizado turnos de guardería. Sí, guardería, un sitio de comidas, recogida de basuras, para dejar la plaza como estaba, y hasta tienen un canal (directos 33) que emite 24 horas de lo que allí sucede.
  Desde aquí quiero mostrar mi apoyo a estos acampados que están luchando por la verdadera democracia y por los derechos de todos nosotros. Aunque no pueda estar ahí físicamente, mi mejor apoyo para ellos. Ahora, la pregunta clave es: ¿seguirá todo esto después de esta noche? ¿Conseguirán cambiar la mierdocracia por democracia?

El abuelo Antonio, capítulo 2

 Los últimos 20 años

  Tres días después de aquel encuentro tan emotivo, volvieron a reencontrarse en el parque. El abuelo “Antonio”, es decir, Wario, se había dedicado a dar los números de contacto de todos, para que pudieran quedar mediante SMS. De este modo, les fue muy fácil volver a quedar en su querida pista de karts para ponerse al día de lo que les había pasado en todo ese tiempo. Tras veinte años sin verse, el reencuentro que tuvieron tres días atrás había sido muy emotivo.

  Ese día se pusieron al tanto de cómo habían pasado esos años para ellos. En general, todos sabían dónde estaban los demás y el único que no había tenido demasiado contacto era Mario, así que resolvieron ponerle un poco al día:

  Luigi había puesto un negocio de fontanería, que le iba bastante bien hasta que se jubiló. Se casó con la princesa Daisy y tuvo tres hijos, de los cuales, uno le salió rana… literalmente. Lo llamaron “Froggy” y tenía una charca para él solito. Estaban esperando a ver si alguna princesa lo besaba y convertía en príncipe, pero lo único que consiguieron es que la única candidata se convirtiera en rana también. Ahora vivían los dos en la charca y tenían varios renacuajos... textualmente.

  Wario y Waluigi habían puesto una tienda de artículos de broma y cosas extrañas, donde tenían unos clientes casi igual de extraños. Tras unos años en el negocio, el amor llegó y se casaron con dos de sus dependientas; dos décadas después ya tenían varios nietos cada uno.

  Kinopio, el champiñón, se había vuelto al reino Champiñón porque en nuestro mundo casi se lo comieron con patatas fritas y el pobre hombre se llevó tal susto que se volvió incoloro antes de tiempo. De sus bonitas manchas rojas ya no quedaba sino un breve y desvaído recuerdo.

  Yoshi también había tenido un episodio un tanto insólito cuando, acompañando a Mario cuando se fue del reino Champiñón, casi lo capturaron para el zoo. Yoshi aún recordaba al orondo funcionario del zoológico corriendo tras él… o, al menos, intentándolo. Así que volvió con Kinopio al reino Champiñón y se dedicó a cazar moscardas con su larga lengua.

  Bowser, el malo, se hartó de ser tan malo, porque siempre le derrotaban y tenía que gastarse cada vez más dinero en castillos más y más caros. Al cabo de un tiempo se aburrió, se hizo hippy, se unió a una comuna y trapicheaba con los demás hippies amenazándoles con darles un baño de jabón si no cedían a sus exigencias. Además de eso, se dedicó a repartir paz y amor —el nombre de sus dos cachiporras— entre todos los que amenazaban a su comuna. De sus hijos nunca más supo, pero pensó que seguirían haciendo de las suyas en el reino Champiñón.

  Por fin, el turno de la princesa Peach y Mario. Tras una violenta discusión, se habían separado enfadados y nunca más habían vuelto a verse. 

  Mario, emocionado por verlos a todos y, escuchando sus historias, no pudo detener las silenciosas lágrimas que le corrían por sus mejillas. ¡Tantos recuerdos! ¡Tantas aventuras pasadas! ¡Tantas luchas con amigos y enemigos y tantos buenos y malos ratos que pasaron juntos! 

  Y, por fin, su adorada princesa a su lado. Ya no recordaba por qué habían tenido la pelea. Su vida había sido bastante monótona y aburrida hasta entonces. Y su amada Peach le hizo recordar.

      Mario, ¿ya no recuerdas por qué no has tenido contacto con nadie durante estos últimos veinte años?
      No —respondió él confuso—. Para ser sincero, no lo recuerdo en absoluto. Ya no sé por qué os abandoné a todos.
      Pero Mario —terció su hermano Luigi— un día tuviste una gran pelea con Peach, porque siempre tenías que rescatarla y ya estabas harto de tener que salvarla siempre.
      ¡Ñum! —coincidió Yoshi.
      Sí —recordó Bowser con su voz de trueno—, es cierto. Incluso viniste a mi castillo a decirme que dejara en paz a Peach o ibas a sacarme la piruleta de la boca, metértela en el sobaco y luego ponérmela en la boca otra vez. Ante una amenaza tan seria, cualquiera se volvía a meter con ella.
      Es cierto —dijo Mario—. Ya no me acordaba. Y, cuando la dejaste en paz vino el infierno. Por eso me marché. Estaba ya hasta el gorro de que todos vosotros vinierais todas las tardes a tomar el té, a cenar, a merendar, a desayunar, a media mañana y, de vez en cuando, a dormir. ¡Si es que no tenía vida propia!
      Pero Mario —gimió Kinopio— nosotros pensamos que te gustaba que estuviéramos allí. Si incluso hacíamos la vista gorda cuando Peach se vestía de cuero con su látigo y…
      Vale, vale —cortó Mario—. No hace falta sacar las intimidades ahora. Y también Peach me tenía harto con eso.
      Sí, es verdad —balbució la princesa—. Me porté como una estúpida y me di cuenta de cuánto te echaba de menos cuando tuvimos la última pelea, dejaste el reino Champiñón y te volviste al mundo real. Te estuve buscando durante años y nunca dejé de esperarte —y, mientras decía esto, un río de lágrimas le salía de sus grandes ojos y le corría por sus rosadas mejillas.

  Mario, ante esto, se sintió como un estúpido. Quería arreglarlo todo. Quería recuperar el tiempo perdido y no sabía cómo. Pero, de repente, se le ocurrió una idea. Podían volver todos al reino Champiñón e intentar buscar algún tipo de fórmula que les devolviera la juventud. Así, Mario se encaró con sus amigos, y les dijo:

    ¿Sabéis qué? Deberíamos volver al reino Champiñón e intentar buscar algo que nos rejuvenezca de nuevo. Así volveremos a recuperar el tiempo perdido —afirmó con convicción, mirando a Peach.
    ¡Qué gran idea! —concordó ella.
    ¡Ñum! —dijo Yoshi.
    Por mí vale —dijo Bowser—. Así podré raptar a Peach de nuevo para que me haga más pasteles de fresa.
    ¡Síiii! —corearon todos al unísono.
    Entonces —dijo Mario— quedemos mañana por la mañana pronto para acceder al reino Champiñón. Conozco una entrada secreta que nadie ha descubierto. Mañana nos pondremos en marcha.

  Y así, todos quedaron entusiasmados con la idea. Al día siguiente decidieron que quedarían en la zona de los karts. Pronto empezarían una nueva aventura.

martes, 10 de mayo de 2011

Relato: el abuelo Antonio

  Espero que os guste:

  Todas las mañanas, a eso de las nueve, el abuelo Antonio se sienta en uno de los bancos de piedra del parque que hay enfrente de su casa. El abuelo Antonio tiene el pelo blanco, con barba y cejas blancas y unos ojos de color avellana muy penetrantes y agudos, a pesar de su edad y de su cara surcada de arrugas. Gusta llevar ropas grandes, sueltas, casi siempre de color gris o color crema claro. Hoy lleva una camisola grande que le sale del pantalón y le cuelga por fuera y unos pantalones crema. Unos zapatos negros y un gabán gris claro completan el cuadro.


  Hoy era uno de esos días en que se bajó comida para las palomas, a las que daba de comer muy de vez en cuando. Ensimismado por su tarea de compartir sus migajas de pan duro con las aves, no reparó en que alguien se sentaba a su lado. Otro abuelo se sentó en el banco con el firme objetivo de alimentar también a los hambrientos animales.

  Cuando el abuelo Antonio se percató de ello, se puso en guardia y miró al recién llegado. Vestía un pantalón con peto azul y una camisa roja, además de una estrafalaria gorra roja y una capa de color negro. Unos zapatos marrones y unos guantes blancos acababan la vestimenta. Su cara era redonda, con un bigote blanco que antaño había sido negro y una cara surcada de arrugas. Antonio volvió a mirarle de arriba abajo y le preguntó al recién llegado:

— ¿Y tú quién eres? Este es mi banco donde doy de comer yo a las palomas.

— Bueno, el banco es público y los animales parecen realmente hambrientos —contestó el interpelado—, así que yo también les he traído comida.

— De eso nada, sólo yo puedo darles de comer. Además, yo he bajado antes —interpeló Antonio.

— Pues entonces, dilucidemos esto como antaño, con un duelo, como en los viejos tiempos —le propuso el recién llegado.

— De acuerdo.

  Llegados a este punto, el abuelo Antonio cogió su bastón y lo puso en posición de “en guardia” ante él. El otro abuelo cogió un pequeño bastón que tenía apoyado en el banco e hizo el mismo ademán.

— Ja, ja —rió Antonio—, no podrás contra mí con esa miniatura. La mía es más grande que la tuya —afirmó, refiriéndose a su garrota.

— Bueno, eso habrá que verlo —respondió el recién llegado con humor, apretando un pequeño botoncito oculto y haciendo que su garrota se expandiera como por arte de magia, haciéndose, al menos, tan grande como la de su compañero de tángana.

En garde —dijo Antonio.

En garde.

  El abuelo Antonio arremetió contra el recién llegado con su cayado, arremetida que éste paró perfectamente, contraatacando con un golpe bajo, que el abuelo Antonio paró, haciendo gala de una agilidad poco propia de su edad.

  La gente que pasaba por allí dejó sus quehaceres diarios y se centró en el curioso duelo de esgrima que estaba teniendo lugar en medio del parque y se decantaban ora por uno, ora por otro de los combatientes, que paraban y tiraban estocadas sin parecer perder el aliento.

  Al cabo de un rato, cuando se empezaron a cansar y resoplar más de lo debido, pararon el duelo, sudorosos y —tras darse cuenta de toda la gente arremolinada a su alrededor— avergonzados. Se sentaron en el parque y esperaron a que se fuese todo el gentío. Una vez que todos se habían ido, se miraron y estallaron en carcajadas.

— Si pudieras verte la cara tan roja que tienes… —le dijo Antonio al recién llegado.

— Pues anda que tú —le contestó éste.

— Un gran placer pelear contigo. Creo que te has merecido de sobra estar en este banco y alimentar a las palomas conmigo —reconoció Antonio—. Por cierto, ¿cómo te llamas? Aún no nos hemos presentado. Me llamo Antonio, ¿y tú?

  El otro anciano se levantó del banco, recogió su garrota, se alejó unos pasos y se dio la vuelta abruptamente. Le miró con sus ojos azules y le dijo:

— Mario, me llamo Mario. Ya nos volveremos a ver.

  Le guiñó un ojo y se fue alejando lentamente, mientras el abuelo Antonio decía por lo bajo:

— Wario, viejo amigo, creo que volvemos a entrar en acción.

  Y, mirándolo alejarse hacia el otro lado del parque, llamó a varios contactos en su móvil para quedar al día siguiente. No quería perder esta oportunidad que hacía años que no tenía.

  Al día siguiente, en el parque, el abuelo Mario acudió a su cita con las palomas y el abuelo “Antonio” también. Allí “Antonio” le propuso al otro abuelo que fueran a la pista de karts, donde había varios viejillos más tomando el sol. Cuando vieron aparecer a los recién llegados, se acercaron a saludarlos. El abuelo Mario se enterneció profundamente cuando vio a todos aquellos conocidos y empezó a saludarlos: Peach, Kinopio, Bowser, su hermano Luigi, Yoshi, Waluigi… entonces, el abuelo “Antonio” tenía que ser…

— ¡Wario! —dijo lleno de alegría al reconocerlo.

  Les abrazó a todos repetidamente, se dieron besos y se pusieron al corriente de todo lo que les había pasado en los últimos años: unos eran abuelos, otros bisabuelos, otros seguían solteros y, al final, tras un reencuentro tan emotivo, todos se subieron a los karts y echaron unas cuantas carreras por los viejos tiempos, hasta la puesta de sol, cuando tuvieron que volver a sus casas con la promesa de reencontrarse tan pronto como pudieran.



  Y llamaron a ese día el día de “Mario Kart 3064”.

 
 
  Inventado, redactado y corregido hoy mismo por Mutenpepo, 2011. Dedicado a todos los frikis en general y a los amantes de Mario y los videojuegos en particular.

viernes, 6 de mayo de 2011

Chumbicachondeo: tipos de chumbis

  El otro día, hablando con Fopo, estuvimos clasificando tipos de chumbis según la tontería que nos daba y venga a reírnos sin poder parar. Imaginaos este tipo de chumbis, a cual más estrambótico y descacharrante:

  • Chumbis normales (¡¡Tío gazpachoooo, tío gazpachoooo!!)*.
  • Chumbis con piel de naranja (¡¡Cremaaaa, cremaaaaa!!).
  • Chumbis con caspa (¡¡Champúuuuuu, champúuuuuu!!).
  • Chumbis con acné (¡¡Antiacnéeee, antiacnéeee!!).
  • Chumbis calentorros (¡¡Pornooooo, pornooooo!!).
  • Chumbis mega calentorros (¡¡Tetaaasss, tetaaaasss!!).
  • Chumbis travestis (¡¡Oiiighhh, oiigghhh!!).
  • Chumbis pijos (¡¡Osseeeaaaaa, oosseeeeaaaaaa!!).
  • Chumbis tontos del haba (¡¡D'ooohhh, d'ooohhhh!!).
  • Chumbis frikis (¡¡Serieeesss, serieeesss!!).
  • Chumbis informáticos (¿¿Y por qué no me caaaabeeeee??)**.
  • Chumbis escatológicos (¡¡Cacaa, culoo, pedooo, piisss!!).
  • Chumbis vergonzosos (¡¡Yo no voy con esooosss!!).
  • Chumbis agonizantes: OYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOYOY ***
video
   Y con este grupo de chumbis, ¿de verdad pensáis que puedo ver una puñetera película de zombis sin estar riéndome todo el rato? Si es que es empezar a ver una película de estas y no paro de reírme.

   Vivir para ver  ^^'

   ** http://elblogdemutenpepo.blogspot.com/2011/04/y-por-que-no-me-caaabeeee.html
   *** Gracias por su ayuda a Fopo por echarme una mano con el OYOYOYOY...

jueves, 5 de mayo de 2011

Revista en pdf...

  Quiero compartir esto con vosotros. Espero que os guste y lloréis tanto como lloré yo, y unos cuantos más. Hecha, maquetada y pensada por servidor para hacer llorar a todo el que se ponga por delante.

   Espero que os guste tanto como a mí.  :)

martes, 3 de mayo de 2011

Nombres curiosos de grupos de música

  Tras las pelis porno, ahora le toca el turno a grupos de música con nombres reales. Espero que os gusten:

  Y si estos nombres os parecen más raros que un perro verde, no os compliquéis la vida, porque ya no lo son. Y, si no os lo creéis, mirad esta noticia.

  Hasta la próxima... :)